Devoción, silencio y oración en el vía-crucis de la Escucha
Multitudinario vía-crucis con la muy devota imagen del Santo Cristo de la Escucha.   Juan Antonio Barrios.

La ‘madrugá’ es la noche donde las hermandades de los Gitanos, Silencio, Calvario, Gran Poder y las dos esperanzas, la Macarena y la Trianera, hacen su estación de penitencia la noche que va del Jueves Santo al Viernes Santo, en Sevilla. En Almería, hablar de la ‘madrugá’ es sinónimo del sobriedad, devoción, oración y silencio con el vía-crucis con la imagen del Santo Cristo de la Escucha.

Una devoción que hunde sus raíces en tiempos pretéritos. Al carecer de documentación, se cree que la primitiva imagen se encontraba en la antigua catedral mezquita de Almería, hoy iglesia de San Juan, siendo trasladada con posterioridad hasta la actual Catedral de la Encarnación. Imagen destruida en 1936, durante la Guerra Civil. La actual imagen está realizada por el imaginero almeriense Jesús de Perceval, en el año 1941, quien respetó una serie de peculiaridades extraídas del vaciado que el propio Jesús de Perceval realizó a la imagen en el año 1934.

El Cabildo de la Catedral de la Encarnación es el encargado de organizar este piadoso vía-crucis, siendo el propio deán, Juan Torrecillas, quien dirigió cada una de las quince estaciones de que consta el rezo del santo vía-crucis, con una excepción, la cuarta, que anualmente realiza el prior de los Dominicos, siendo Fray Antonio Bueno, el actual superior de la Comunidad, el que se encargó de dirigir las oraciones de esta estación, ya que se trata del momento en el que ‘Jesús se encuentra con su madre, la Santísima Virgen’ y en esta ocasión se realizó ante la Patrona de Almería, la Virgen del Mar. Un templo que a esas horas permanecían abiertas sus puertas para que los almerienses y devotos entraran a rezarle.

El prior de los PP Dominicos, de la Orden de Predicadores, estuvo acompañado por integrantes de la Hermandad de la Virgen del Mar, con su camarera mayor a la cabeza, Concha Alarcón.

La carrera oficial del Paseo de Almería, en esta ocasión volvió a convertirse en el centro neurálgico de las procesiones, pero los auténticos protagonistas fueron los ciudadanos participantes en el vía-crucis, que llenaron la calzada del Paseo, permaneciendo las tribunas vacías. A las ocho de la mañana llegaba la imagen a la Catedral.