Los afectado son familia y otras seis personas están en observación por si tienen la enfermedad
Casas y habitculos construidos en la Cala de San Pedro.   La Voz.

No es la primera vez que entre la colonia de personas que viven de forma permanente en la Cala de San Pedro, en el Parque Natural Cabo de Gata- Níjar, se dan casos de tuberculosis. De hecho, en noviembre de 2015 se atendió a un hombre y se realizaron pruebas a 22 personas. 

En esta ocasión, de momento, hay confirmados dos afectados, una mujer y un hombre que son familia, y a otras seis personas se les han hecho las pruebas correspondientes, la llamada prueba de la tuberculina o ‘Mantoux’, y están en observación para ver si tienen la enfermedad.

Mediados de diciembre
Según ha confirmado a este periódico el Servicio de Salud Pública de la Delegación Territorial de Igualdad, Salud y Políticas Sociales, a mediados del pasado mes de diciembre tuvieron conocimiento de un caso de tuberculosis, aunque no han identificado su procedencia.

Tras el diagnóstico de la paciente, una mujer de 54 años, se inició el protocolo habitual en estos casos, que incluye el estudio del entorno del paciente. Fruto de esta actuación, se ha podido confirmar un nuevo caso, en un varón de 39 años, del entorno familiar de la primera afectada. Al menos hasta el pasado jueves, este segundo paciente está ingresado en el Hospital Torrecárdenas, recibiendo el tratamiento necesario. 

Evolución favorable
Ambos pacientes evolucionan favorablemente y se encuentran actualmente recibiendo el tratamiento establecido frente a la enfermedad. 

De igual modo, dentro del protocolo iniciado y siguiendo las pautas habituales en los casos de tuberculosis, el Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Andalucía mantiene bajo estudio a otras seis personas, a las que se están realizando las pruebas preceptivas para determinar si padecen o no la enfermedad. 

Una enfermedad contagiosa que tiene cura
La tuberculosis es una enfermedad contagiosa producida por un bacilo y que tiene cura. Eso sí, el tratamiento es largo en el tiempo (6 meses) y exige un cumplimiento riguroso para evitar que el bacilo se haga resistente. Durante los meses en los que la persona está siendo tratada se le realizan diferentes pruebas y controles, lo que permite adecuar mejor el tratamiento que se le administra.