Hoy sábado 7 de enero, Almería despide al artista en un funeral a las once en la Iglesia de San Isidro de Regiones. El director del Museo de Arte de Almería y del Museo Casa Ibáñez de Olula del Río desentraña su figura
Gadea, con sus obras al fondo.   La Voz.

Nacido en Barcelona en 1953, Rafael Gadea se instaló en Almería en 1970. Fue entonces cuando, tras sus primeros escarceos artísticos, decidió vincular su vida al mundo del Arte. Un universo en el que se inició de forma autodidacta y en el que dio sus primeros pasos firmes en 1982.

Un año en el que, tras su participación en el Primer Salón de Primavera celebrado en Almería, pudo dedicarse en exclusiva a la pintura –abandonando sus anteriores oficios– y quedó vinculado a la renovación de las artes almerienses. Siendo constante a partir de entonces su presencia en muestras colectivas y citas internacionales, como ARCO’86 o ALBIAC’06, así como la organización de exposiciones individuales.

Unas muestras en las que, para asombro de propios y extraños, se hacía patente la progresiva madurez de la que pronto quedo recubierta su particular apuesta creativa. Desde su primera muestra en solitario en la Sala de Exposiciones del Banco de Bilbao (1982), hasta la antológica presentada en 2010 en el antiguo CAMA, pasando por las organizadas a lo largo de los años en las salas almerienses de CajaGranada, Unicaja y el Ateneo, o las galerías Acanto y Argar.

En octubre de 2015 tuvo lugar su última individual en Almería: ‘Gadea. Selección íntima’. Una muestra más de la original propuesta de un mágico hacedor en plena madurez; un creador situado, libre de ataduras, entre la abstracción –siempre comedida– y la figuración, entre la ingenuidad y la seguridad en el trazo, entre lo cubista y lo expresionista, entre lo surreal y la realidad cotidiana, entre la convergencia con maestros como Picasso, Matisse, Miró, Chagall o Klee y su particular forma de expresión. Una apuesta por mostrar, sin ambigüedades, al pintor, dibujante y grabador inquieto que siempre mantuvo viva, a lo largo de toda su carrera, la llama de la búsqueda; la inquietud por hallar la forma exacta de expresar, a través del gesto y el color, de las figuras y objetos que caracterizan su universo personal, la sencillez de sus temas –siempre cercanos y tocados de fino humor mediterráneo– y su apuesta por alejarse de complicadas propuestas filosóficas y enrevesadas teorías insustanciales.

Aunque hoy nos lo parezca, Gadea no se ha ido del todo. Nunca lo hará. Ha pasado a formar parte de la nómina de creadores cuya presencia pervivirá, por haber calado en lo más hondo de nuestra sensibilidad, a través de su obra. Imágenes que nos invitan a mirar el Arte con ojos nuevos; con la inocencia de aquel que se acerca al Arte sin prejuicios y sin pretensiones, tal y como hizo Rafael a lo largo de toda su carrera.