Antiguamente, el dinero se destinaba a a pagar el entierro de los pobres, ahora va a las ONG
Los componentes de las cuadrillas que recorren el pueblo, con Sierra Nevada al fondo.   La Voz.

El municipio de Abla continúa fiel a sus costumbres recibiendo el año nuevo con el tradicional Baile de Ánimas. Los integrantes de la cuadrilla de músicos, formada por una veintena de vecinos de todas las edades, se congregaron el 1 de enero a mediodía en la placeta de la Iglesia, prolongando sus actuaciones por las calles y plazas hasta pasadas las siete de la tarde, hora en la que regresaron al mismo punto de partida en una jornada fría pero soleada.

Durante más de siete horas celebraron con vecinos y visitantes la llegada del nuevo año 2017, con cánticos populares y el empleo de instrumentos de viento, cuerda y percusión.

El Baile de Ánimas tiene un marcado carácter solidario puesto que los abulenses aportan donativos para fines benéficos. En esta edición se han recaudado un total de 1.349,28 euros, cantidad que este año se destina íntegramente a fines solidarios de Cáritas Parroquial de Abla y de la Asociación Acoes.

Tradición ancestral
El Baile de Ánimas es una de las tradiciones ancestrales más arraigadas en Abla, que desde tiempos inmemoriales se celebra coincidiendo con la llegada del nuevo año. Antiguamente existía una Hermandad de las Ánimas cuya recaudación obtenida en el baile se destinaba a sufragar los gastos del funeral y del entierro de los denominados pobres de solemnidad del pueblo, así como de los transeúntes que fallecían a su paso por la localidad. 

La cuadrilla de músicos del Baile de Ánimas recorre las plazas y calles del pueblo, puerta a puerta, interpretando una singular cancioncilla que forma parte del paisaje sonoro del Día de Año Nuevo en Abla y que dice así: “A esta puerta hemos llegado a pedir una limosna para las Ánimas benditas, que piden misericordia. A las Ánimas benditas no se les cierra la puerta, se les dice que perdonen y se van tan contentas”.

Asimismo se interpretan otras piezas como la mazurca, polka o pasodobles a petición de los vecinos. Es el momento en el que se organiza un pequeño baile, de ahí el nombre de la tradición.

En muchos de los domicilios y establecimientos a los que se visita y se les canta, se pide un aguinaldo, que va destinado a asociaciones benéficas del municipio para que puedan desarrollar sus proyectos solidarios.