Superemos el 28 F

Jesús Muñoz
01:00 • 26 feb. 2017

El 28 de febrero es una celebración carente de sentido en la provincia de Almería. Sin embargo, año tras año, se repiten los mismos golpes de pecho. Estamos cercanos a la cuarta década de su aniversario, del primer pucherazo de la Democracia Española. Y fue un pucherazo por el simple motivo de que se manipuló el resultado de  una votación para obtener un objetivo político. 
Me parece absurdo entrar a valorar los supuestos deseos o el simbolismo de aquella votación para justificar moralmente la manipulación efectuada tras no obtener los resultados esperados. Podemos justificar aquella deshonestidad con los almerienses con las habituales réplicas del andalucismo más reaccionario. Los famosos errores de censo. Censo que no olvidemos fue rectificado y dado por bueno por las fuerzas políticas y cuya modificación apenas cambió el resultado. Censo que nadie cuestionó cuando hubo un 67,14% de participación en el referéndum de diciembre de 1978. Censo que nadie cuestionó en el referéndum del Estatuto de autonomía andaluz de febrero de 1981 y que tuvo una participación del 50,83% (unos ocho puntos menos que el 28F). Censo que nadie cuestionó en ninguna otra provincia de las concurrentes al referéndum. Si bien la famosa, y no por ello cierta, afirmación de “votaron hasta los muertos” siempre olvida hacer referencia a las incidencias que favorecieron el voto afirmativo. Incidencias como votos introducidos en las urnas por menores de edad, urnas que contenían más votos que censados, papeletas duplicadas, urnas con votos antes de abrirse la votación, etcétera. Cuestionar lo retorcido de la pregunta cuando desde el inicio de la campaña esta votación iba cargada de tintes ideológicos más que identitarios. En gran parte de la población era la votación en contra del franquismo, no una votación por un acervo sentimental o territorial andaluz. Es cierto que los que votaron, lo hicieron mayoritariamente a favor, pero esta votación tenía cuórum. Una medida democrática pensada para que minorías activas no impongan decisiones a la mayoría. Si dicha medida era aceptable o no se debería haber debatido antes de la convocatoria, jamás a posteriori de la votación. Pero había mucha prisa por conseguir la autonomía por la vía rápida y demasiado interés por conseguir el poder en Madrid.  Estoy seguro que nadie hubiera rechistado si tras el recuento nocturno Almería hubiera llegado al 51% al que sí llegó Jaén. Pero Almería estaba, y está, lejos de Andalucía. En las famosas, y supuestamente multitudinarias, manifestaciones del 4D, los manifestantes almerienses supusieron el 0,5% del total de los andaluces que salieron a la calle y eso tomando el mejor de los datos publicados. Valorar el anhelo de unirse a las siete provincias andaluzas por estos datos y estos hechos, parece más un acto de fe que una realidad fehaciente y demostrable.
El referéndum fue una chapuza en muchos sentidos pero esto jamás sería ni será una justificación válida para el amaño perpetrado.  No se repitió el referéndum tal y como venía recogido en la Constitución y el fin político estuvo por encima del democrático, ignorándose a la provincia de Almería.”El referéndum en Almería era una tontería hacerlo”, en palabras de Manuel Clavero. Andalucía sería de ocho provincias fuera cual fuera el resultado dado por los almerienses. 
A día de hoy todavía hay parte de la sociedad almeriense que ve lógico seguir ligado a un concepto de Andalucía, que solo existió en el romanticismo decimonónico, por un criterio folclórico o ideológico. Pero deben entender que en democracia se puede disfrutar de unos gustos personales o de una libertad ideológica sin rechazar su legado cultural o sin limitar el pasado, presente y futuro de la región almeriense. Es por ello, por este futuro y por lo que debemos superar esta aciaga fecha de una vez por todas.


 







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