Leiva y Los Zigarros dejan clara su ‘simpatía por el rocanrol’ en el primer concierto

El de anoche fue el primero de los cinco grandes espectáculos en el recinto al aire libre de la Vega de Acá

Un momento de la actuación de Leiva.
Un momento de la actuación de Leiva.
La Voz
19:11 • 20 ago. 2017

“Ya comprendí la situación, hermano soy del rocanrol”, cantaba Barón Rojo allá por los años ochenta. Como en el póker, las dobles parejas de hermanos con los Conejo Torres, Leiva y Juancho, y los Tormo Martín, Ovidi y Álvaro, en Los Zigarros, hicieron las delicias de los amantes del rock más clásico, ese que es solo rocanrol pero nos gusta, anoche en el nuevo recinto de conciertos del Ferial de la Vega de Acá. Era la primera de las cinco convocatorias que se desarrollarán en este espacio durante #AlmeriaenFeria, organizadas por el Área de Cultura, Educación y Tradiciones del Ayuntamiento de Almería.




Más de dos mil personas asistieron a un espectáculo en el que el protagonismo tenía las formas curvadas de Fenders y Gibsons. Un manual de estilo a lo Kubrick, un ejercicio de género canónico donde los riffs se engarzaron uno tras otro, con solos rítmicos cabalgando sobre las bases estilosas y estribillos de golpeo inmediato.




Los primeros en salir a escena, casi con puntualidad británica, fueron Los Zigarros. Una banda que, nacida de las cenizas que quebrantaron Los Perros del Boogie, con los citados hermanos Tormo, Adrián Ribes a las baquetas y Nacho Tamarit al bajo, representan el vivo legado del rocanrol sensual y sinuoso, actitud stoniana con acercamientos nacionales a M-Clan o Burning, pasando por la ligera influencia del rock argento, como ese ‘No obstante lo cual’ con la que abrieron y que fue el inicio de un tiempo aprovechado al máximo, una quincena de temas en una hora.




‘Voy hacia el mar’, la desenfada ‘Baila conmigo’, la melancólica ‘Desde que ya no eras mía’ o la hiriente ‘Tendrías que haberla visto bailar’ dejaron claras las bases de una puesta en escena sin fisuras, compacta, sobria, certera como las preguntas insidiosas, ‘¿Qué demonios hago yo aquí?’, respetuosas, como la versión de ‘Suffragette city’ de David Bowie. Historias de bares y amor o de amor a los bares… o ambas, en constante fricción, como ‘Cayendo por el agujero’, ‘No soporto esta resaca’ o ‘Voy a bailar encima de ti’. Pura actitud para decir ‘A todo que sí’. Y, ante eso, ‘¿Qué hacer mi amor?’, se preguntarían antes de despedirse hasta los bises. Entonces llegaría la velocidad descabalgada de ‘Hablar, hablar, hablar’, el peso rítmico marcado de ‘Dispárame’ y la irónica ‘Dentro de la ley’, que echaría el cierre a una actuación que dejó el listón muy alto para Leiva y los suyos.




Leiva, cóctel de sensaciones
Con el cambio de escenario de rigor y con la imponente colección de focos luminosos como telón de fondo, Leiva y su ‘leiband’, salieron a escena con la difícil misión de mantener la agitación que consiguieron Los Zigarros. Y lo hicieron a su manera, no tanto con velocidad como sí con grandes letras, emociones, recuerdos a los extintos Pereza y a una forma de cantar y contar las cosas más que asentadas, las que convencieron a Sabina para que fuera el madrileño quien le produjera su último álbum de estudio.




Si ya con Pereza había muestras, en solitario Leiva demuestra jugar más a largo recorrido que a la inmediatez. Aunque el inicio con ‘El último incendio’, ‘La lluvia en los zapatos’ o esos ‘Animales’ de la formación pasada lo parecía, Leiva apuntaría a temas de desarrollo creciente y de explosividad contenida, como ‘Guerra mundial’, como ‘Windsor’ (de nuevo Pereza) o la pomposa ‘Palomas’. El guiño al pasado de Leiva, escoltado a la perfección por su hermano Juancho de Sidecars, sería a Chuck Berry con ‘Sixteen’, que precedió a la siempre celebrada ‘Eme’ y ese punto ‘calamaro’ que tienen ‘Los cantantes’. También recordaría al argentino, madrileño de adopción, con ‘Amelie’, canción que canta junto a él en su versión de estudio.




Pero antes de ellos todavía quedarían por aparecer ‘Breaking Bad’, la canción que serviría para abrir las puertas de la creatividad concatenada para la gestación de ‘Monstruos’, su tercero en solitario, ‘Miedo’, donde intercalaría un par de estrofas musicales de ‘Superjunkies’ o ‘Superhermanas’, de nuevo cumpliendo ese deseo anhelante de su público de que, algún día, Pereza vuelva a estar juntos en un escenario y, como prueba, una vez más, se reflejó en ‘Como lo tienes tú’.




El concierto, con una dinámica oscilante, entraría en su escalada final con ‘Medicina’, donde se coló un fragmento de ‘Estrella polar’, la exitosa y celebrada ‘Terriblemente cruel’ y ‘Mirada perdida’. En todo momento Leiva mostró su cercanía con Almería, puesto que reconoció venir en numerosas ocasiones a veranear: “si algún día veis a un tío flaco en pelotas en la playa, no soy yo”, bromearía. ‘Sincericidio’ y ‘Lady Madrid’ serían los rutilantes bises de un artista que ha adquirido cierto tono reposado que, como el tequila, sienta mejor en tragos cortos y del que, posiblemente, quede por venir todavía lo mejor.


Sweet California el día 22 (entrada 20 euros); Vanesa Martín el día 24 (entrada 25 euros); Juan Magán, Danny Romero y DCS el día 25 (entrada 20 euros); y Melendi el día 26 (entrada 28 euros) son las otras cuatro convocatorias musicales que restan en este espacio de #AlmeriaEnFeria. Las entradas para estos conciertos se encuentran disponibles en la taquilla municipal situada en el Teatro Apolo y también en Zapatería Entretacones, Heladería La India, Discos BPM y www.ticketmaster.es. También lo estarán en la propia taquilla del recinto la misma noche del concierto y sin incremento de precio.



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