Crece la moda de las oficinas de  coworking en el centro de Almería

Una vieja casa señorial  en el casco histórico se convierte en centro de trabajo para una decena de profesionales

El edificio ha sido rehabilitado en la Plaza de la Administración Vieja
El edificio ha sido rehabilitado en la Plaza de la Administración Vieja
Manuel León
01:00 • 18 abr. 2015

Como por ensalmo llega de vez en cuando un soplo de aire fresco que alienta la vida del centro histórico de Almería. Los artífices, en esta ocasión, son el diseñador madrileño Luis Roca y el arquitecto almeriense José Valera que se han atrevido a abrir un centro de oficinas de trabajo compartido (coworking) en la Plaza de la Administración Vieja, junto a la añeja Plaza de Cañas, ahora de La Constitución dando un toque vintage al lugar.
La idea surgió cuando Roca volvió de Madrid, donde había trabajado en un coworking, y le propuso a Valera, con el que había compartido oficina en la calle Lope de Vega y la Almedina poner en marcha un centro de trabajo compartido.
Eligieron el viejo caserón de los Laynez de 1870,  en el número uno de la Plaza junto a la Uned, para rehabilitarlo con espacios diáfanos, cristaleras y muebles funcionales. En solo dos meses ya han conseguido encandilar a once aventajados emprendedores que ocupan el espacio y que proyectan convertir en una plataforma de colaboración e innovación.




Freelances y autónomos
La moda del coworking, que se inició en Almería con iniciativas públicas como la de los CADE, viveros de empresas y en el PITA y alguna privada como la del edificio Carrida en Aguadulce, está cundiendo con brío en los últimos meses: en la capital operan centros compartidos como Spal, Taller Coworking, Bahía, Garcan o Jparq y en la provincia se han abierto también en el Taller de Arte de El Ejido y Libertec en Garrucha.
En la nómina del centro habilitado por Roca y Valera, Workspace, figuran ya varias profesionales de la consultoría, una editorial denominada de Sol a Sol, arquitectura, diseño, márketing digital, comunidad virtual, diseño de interiores, traducción e ingeniería software. En total trabajan en esa antigua casa señorial una veintena de profesionales.
Explica Roca que “la idea es  que haya una colaboración intersectorial y que podamos ser proveedores autónomos de otros profesionales, por ahora estamos satisfechos del resultado”.
Sobre la aventura de instalarse en un lugar tan céntrico como poco dotado de aparcamientos matiza que “con la zona azul hay más movimiento de plazas y también hay algún parking cerca, somos todos gente que disfrutamos con trabajar en el centro histórico de esta ciudad”.




Apple y tazas de colores
La luz entra a raudales en las habitaciones y hay mesas de reuniones desplegadas por las estancias para mantener encuentros a salto de mata entre computadoras Apple, tazas de colores y parqué sobre lo que hubo losa hidráulica.
Workspace quiere contribuir a potenciar el sentido de comunidad entre sus miembros, además de suponer un valor añadido para el barrio y la ciudad. El centro oferta desde puestos flexibles, fijos o compartidos desde 95 a 195 euros al mes con wifi, dirección fiscal y mobiliario. También dispone de sala de eventos y de reuniones con plasma y rotafolio.
Esta iniciativa trata de potenciar un emprendimiento diferente catalizando el crecimiento de empresas de nuevo cuño (start up).
En opinión de sus promotores, el coworking, que está desarrollándose en Almería es espacio ideal para los freelance creativos que necesitan un entorno que favorezca su desarrollo y que cree sinergias.
Quieren estos emprendedores de espacios comunales desmarcarse del viejo concepto de despachos compartidos por abogados, médicos y arquitectos, con paredes y tabiques separando espacios y conocimientos.




La Casa de los Laynez luce ya rehabilitada
Ahí, en ese edificio señorial que da a la calle Mariana y a  a la Plaza donde sonríe el bronce del Maestro Richoly, en ese espacio donde ahora gravitan los sueños profesionales de una veintena de emprendedores de nuevo cuño, vivió la familia de los Laynez, los aún propietarios del inmueble que conserva en la planta superior sus castizos balcones de forja y donde ya no existe el patio andaluz con aljibe interiro  Allí, en el pico esquina hubo una librería, después los ultramarinos “La Económica” que dio el relevo en 1963 al Bar Bahía de Palma, en cuyo mostrador aún palpita la rubia cerveza y las tapas esmeradas.
En frente, Casa Justo,  ya desaparecida, daba vida también a la Plaza con sus bocadillos de anchoas y callos. Después en los bajos estuvo instalada una Cofradía de Semana Santa, el Teléfono de la Esperanza y dependencias municipales de Urbanismo.








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