Miles de almerienses salen a las calles a homenajear a su patrona
La Virgen del Mar en procesión por la capital   La Voz.

La tarde invitaba a quedarse en la playa hasta que cayese la noche o en casa plácidamente con el aire acondicionado viendo el fútbol. Pero claro, eso sería si la Virgen del Mar, la Patrona de Almería, no hubiera procesionado por las calles de la ciudad. Eso eran palabras mayores. Miles de almerienses no entienden la Feria sin a compañar a su Patrona, por mucho calor que haga.

A las 7.15 se abrió el portón principal del Santuario para que fuese saliendo la procesión. Los termómetros cercanos marcaban 33º, más la sensación de bochorno que transmitía el viento de levante. Poco importaba eso a los miles de fieles que, con sus velas o sus varas de nardos, esperaban que saliese la Virgen, algo que se produciría media hora más tarde.

En ese lapso de tiempo fueron ganado la Plaza  la Cruz Guía, que abría el cortejo procesional, las Hermandades de la provincia, las de la capital (de Pasión y de Gloria), la Agrupación de Cofradías, la banda Santa Cecilia de Sorbas, bandera de la Hermandad, camareras, Junta de Gobierno y los dominicos.

El paso
A continuación ganó la calle el paso con la imagen de la Virgen del Mar, bellamente ornamentada con decenas de varas de nardos. Eran las 7.45 de la bochornosa tarde y las campanas de santuario repicaron con la tradicional alegría.

La Patrona llevaba el manto turquesa ya que el antiguo, recientemente restaurados, se va a guardar para las grandes solemnidades. Ramón Viciana era este año el capataz que comandaba a unos 60 horquilleros.

Tras el paso procesionaban el Cabildo catedralicio con el Obispo al frente, el Ayuntamiento con el alcalde y un buen número de concejales, la Diputación comandados por su presidente, y otras autoridades militares; cerraba la Banda Municipal.

Dos interminables filas de fieles portadores de velas o nardos en la mano flanqueaban la procesión. Muchas mujeres acompañaban a la patrona ataviadas con la tradicional mantilla española.

Desde la Escuela de Artes, la Virgen recibió una gran petalada. Tras el tradicional recorrido, la Patrona ganó la Plaza Circular, donde se colocó mirando al mar por cuyas aguas llegó sobre las olas. Allí el Obispo pronunció unas palabras y se entonó el Himno de la Coronación.