La Voz de Almería

Carta desde la “ínsula solidaria”

GOYTISOLO OK

Aquella mañana de abril Juan Goytisolo no estaba cómodo. El color violáceo bajo sus ojos, el caminar cansado, el gesto serio, el pulso nervioso, los hombros en tensión. Ni la luz de su amada Almería que parecía proyectarse en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares para iluminar el solemne acto en el que se le hacía entrega del Premio Cervantes 2014, ni el hecho de que se saltase eso de ir de etiqueta para ponerse su única corbata porque a sus 84 años no pensaba “disfrazarse”, consiguió aplacar esa sensación. Una sensación que no debe extrañar a nadie.

El autor de Campos de Níjar y La Chanca, la voz de los desprotegidos, el dedo que denunciaba la injusticia y acusaba al poderoso, no podía encontrarse entre tanta pompa y fanfarria. Entre el ministro Wert y los Reyes de España. Lo siento, pero no podía. Y si había aceptado el galardón que lo acredita ya para siempre como uno de los escritores que más ha contribuido a enriquecer el legado literario hispánico fue solo por una razón: su nombre. Cómo no aceptarlo él que ha encarnado en su totalidad el significado del término ‘cervantino’. Cómo no aceptarlo él que ha sido Quijote y ha sido Sancho.

El 23 de abril de 2015, Día del Libro, Goytisolo resistió y se sobrepuso a su incomodidad para incomodar -acaso por un instante, me gusta pensar que sí- a algunos de los que le escuchaban hablar de “un mundo aquejado de paro, corrupción, precariedad” al que el “héroe de Cervantes y los lectores tocados por la gracia de su novela” no pueden, no podemos resignarnos. “Imagino al hidalgo manchego montado a lomos de Rocinante lanza en ristre contra los esbirros de la hermandad que proceden al desalojo de los desahuciados, contra los corruptos de la ingeniería financiera o, a Estrecho traviesa, al pie de las verjas de Ceuta y Melilla que él toma por encantados castillos con puentes levadizos socorriendo a unos inmigrantes cuyo único crimen es su instinto de vida y el ansia de libertad”, exclamó aquel día.

Llorado en La Chanca
Juan Goytisolo, el intelectual comprometido, el escritor combativo que confesó que descubrir La Chanca fue capital en su forma de entender la vida y la literatura, fue llorado ayer en Almería.

“Para nosotros se ha ido el cuerpo, la idea de vida de Juan la llevamos practicando hace ya algunos años. Y desde la Traíña y desde donde yo esté voy a defender su filosofía de poner la ética por delante de la estética, esa es una de sus enseñanzas”, expresaba ayer José García, Pepe ‘El Barbero’, de la Asociación de Vecinos La Traíña, todavía con la noticia a medio digerir.

“Juan representa cómo la literatura, con él y gracias a ese sentido ético que tenía, se convierte en motor de transformación y cambio de la realidad, cómo influye poderosamente para que la realidad mejore, por supuesto, con la implicación de mucha gente”, sintetizaba el maestro y poeta Juan José Ceba, estrechamente ligado al popular barrio almeriense donde ejerció la docencia durante años.

Y añadió: “La obra de Juan y su propio ejemplo e implicación en La Chanca ha sido una guía, un camino por el que se vislumbraban muchísimas cosas y esto curiosamente le ocurrió tanto a [José Ángel] Valente como a él; los dos se dan por completo, con entrega, con generosidad y sin ponerse medallas. De una forma totalmente desinteresada”.

Y a Goytisolo y a Valente le estarán dedicados los actos del 40º aniversario de La Traíña (el barcelonés pisó por última vez Almería en 2007, en el trigésimo cumpleaños del colectivo). Actos que ya habían empezado a esbozarse y que ayer cobraron todo el sentido en un improvisado y genuino encuentro en La Chanca en el que se leyeron fragmentos de su obra, se evocaron anécdotas de sus visitas y se hicieron propuestas para honrar el legado de un escritor que puso negro sobre blanco las vergüenzas de la Almería de finales de los 50: la Almería de la miseria y del abandono, pero también la de la dignidad.

Improvisado homenaje a Goytisolo celebrado ayer en La Chanca. Foto: Marifé Herranz
Improvisado homenaje a Goytisolo celebrado ayer en La Chanca. Foto: Marifé Herranz

“Las instituciones de Almería no han correspondido a Juan Goytisolo con la dignidad que Juan se ha entregado a esta provincia, no porque lo declararan persona ‘non grata’ en El Ejido tras los sucesos del año 2000, sino porque todo lo que él ha aportado de amor crítico hacia la transformación de la provincia no ha sido correspondido o no se ha sabido ver por parte de algunos políticos”, sentenciaba Ceba.

Influencia universal
La obra de Goytisolo y su compromiso con el desfavorecido son fuente de inspiración y lo seguirán siendo. Solo un ejemplo: de los escritores que visitaron Almería la pasada Feria del Libro al menos tres -Jorge Carrión, Sergio del Molino y Ernesto Pérez Zúñiga- pasearon por La Chanca siguiendo los pasos de aquel Juan que en su juventud se adentró en el barrio rompiendo ese muro que por invisible no es menos infranqueable, ese muro levantado del lado del poderoso que -no nos engañemos- siempre ha existido. Estos autores decidieron quemar suela quizá en busca de eso que cambió para siempre al andariego Goytisolo, que ya se había llenado de polvo hasta los ojos -como tantos ‘legañosos’- recorriendo los campos de Níjar sin más equipaje que una mochila y la mirada limpia.

Siempre pensé que otro escritor, el también periodista Miguel Naveros, contaría su muerte a los lectores de LA VOZ. En dos meses y medio, Almería los ha perdido a ambos. Se ha quedado huérfana, muy huérfana. Naveros y otros como Ceba, o como el escritor y diplomático José María Ridao, han sido cómplices necesarios en su conexión con Almería. Conexión que se ha mantenido intacta hasta el final de sus días a través de una carta.

Una carta llegaba a Marrakech hace una semana con el nombre de Juan Goytisolo escrito en el sobre. Una carta del barrio de su corazón en la que sus vecinos, grandes y pequeños, le contaban los progresos de un libro: ‘La Chanca, un cambio revolucionario’ (Letra Impar, 2016) de Pepe Criado, al que aportó el prólogo y la fuerza arrolladora que lo inspira. Una carta de la que él llamaba su “ínsula solidaria”. Una carta que sí corresponde, para siempre, su amor incondicional.

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