Confiterías históricas de Almería

Las marcas más antiguas que se conservan son `El Once de Septiembre` y `La Dulce Alianza

La Confitería La Virgen del Mar fue un escenario de posguerra.
La Confitería La Virgen del Mar fue un escenario de posguerra.
Eduardo D. Vicente
01:00 • 09 nov. 2017

De las confiterías antiguas de la ciudad ya solo quedan los nombres de las que han mantenido la marca al paso de los años. De las históricas siguen en el mercado ‘El Once de Septiembre’, ocupando un trozo del local donde se instaló a comienzos del siglo veinte en la calle de Castelar, y la confitería de ‘La Dulce Alianza’, que desde su fundación en 1888 ha sobrevivido en tres locales: en la calle de Concepción Arenal y en el Paseo, donde ha tenido dos ubicaciones distintas.




También merecen la consideración de históricas la confitería Capri, fundada en los años sesenta en la esquina de las calles Reyes Católicos y Méndez Núñez, y la pastelería Rex, que desde 1968 ha sido uno de los negocios imprescindibles en la vida de la Avenida de la Estación. 




Atrás quedaron otros muchos negocios que ya forman parte de la memoria de los almerienses. Confiterías que fueron la ilusión de niños y mayores en tiempos complicados cuando comerse un pastel era un lujo que para muchos solo era posible en días señalados.




A lo largo del siglo diecinueve las confiterías se fueron extendiendo desde los barrios hasta el centro de la ciudad a medida que el Paseo se fue convirtiendo en la avenida principal, en competencia con la calle Real, que hasta entonces había sido un escenario fecundo en negocios. De aquellos tiempos tenían gran fama en la ciudad la confitería de ‘La Puntualidad’, que desde 1864 ofrecía sus artículos al público en su local de la Puerta de Purchena. Era muy célebre por el gran reloj de pared que presidía su salón y que durante mucho tiempo guiaba la vida de la gente cuando las horas las marcaban las campanas de las iglesias. 




En aquellos tiempos competía con la confitería del Santo Cristo, en la calle que lleva el mismo nombre; la confitería de la Esmeralda, en una de las esquinas de la calle Real con Trajano; la confitería del Malagueño, también en la calle del Santo Cristo y la confitería de ‘La Granadina’, un negocio itinerante que todos los años se instalaba en la calle de Jovellanos en las semanas previas al comienzo de la Navidad. 




Entre aquellas confiterías del diecinueve la más longeva fue ‘La Sevillana’, de la familia Frías. El negocio, que había nacido en 1866 en la calle Real, ocupó desde comienzos del siglo veinte  un lugar privilegiado en la Puerta de Purchena. En las vitrinas de ‘La Sevillana’ se podían encontrar desde los exquisitos merengues de dos pisos hasta los selectos embutidos que la casa importaba directamente de Extremadura.




El establecimiento contaba con dos inmensos mostradores. A la izquierda estaba el de la tienda de ultramarinos, donde colgaban del techo grandes tripas de embutidos a modos de suculentas estalactitas. A la derecha aparecía el mostrador de los dulces, coronando las vitrinas de cristal donde se exhibían los pasteles que iban saliendo del obrador. Detrás, aparecían unas estanterías de madera con artísticas cajas de bombones y de caramelos. ‘La Sevillana’ formó parte de la vida de los almerienses hasta que en 1950 cerró sus puertas. En su local se instaló la tienda de Almacenes Segura.
En los años treinta las confiterías del centro rivalizaban con otros grandes negocios que nacieron con fuerza en los barrios de Almería. Si en el número 47 del Paseo destacaba la confitería ‘El Cañón’, de la familia Martínez Zea, en la calle Real del Barrio Alto se imponía con fuerza la pastelería ‘La Giralda’, que el empresario Antonio Pérez Román había abierto en abril de 1933. Unos meses antes, en agosto de 1932, otro joven pastelero, Ángel Berenguer Santisteban, montó en la calle de Mariana la confitería ‘La Madrileña’, que fue el origen de la popular confitería de ‘La Flor y Nata’, que estuvo tan presente en la vida de los almerienses durante más de medio siglo. 




También de los años treinta era la confitería ‘La Cubana’, de Antonio Marco Ferre. Estaba situada en la Rambla de Alfareros, justo en la esquina con la actual plazoleta de Calderón, unos metros más arriba de donde hoy está la tienda de Rio Preto Radio. Tanto ‘La Cubana’ como ‘La Madrileña’ fueron confiscadas en los últimos años de la Guerra Civil, aunque sus hornos siguieron trabajando. En esos meses finales de la contienda, cuando faltaban los alimentos en la ciudad, los obradores de estas dos confiterías elaboraban la pasta de almendra, un alimento fundamental para las familias almerienses de aquel tiempo que tenían que retirar el producto enseñando la cartilla de racionamiento obligatoria. La confitería de ‘La Cubana’ volvió a abrir sus puertas después de la guerra, con el nombre de ‘La Virgen del Mar’. 


En la posguerra la confitería de ‘La Madrileña’, ya rebautizada como ‘La Flor y nata’, se hizo fuerte en su barrio, compitiendo con otro negocio de solera como la ‘Casa Sáez’, en el número cuatro de la calle de la Almedina. Su propietario, José Sáez Rosales, fue un empresario emprendedor que en los años cincuenta se quedó con la confitería ‘La Corona’ del Paseo y la convirtió, después de una reforma espectacular, en la más moderna que entonces existía en la ciudad. A la vez, montó el negocio de la confitería ‘Niza’ en la Puerta de Purchena.


En aquellos años también estaban funcionando ya la ‘La Ideal’ en la calle de Concepción Arenal; la confitería ‘La Chavalilla’ en la Rambla de Alfareros; la de San Telmo y Casa Granados, en el Paseo; y la confitería de ‘La Victoria’, que fue el nuevo nombre de la vieja pastelería ‘El Cañón’.



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