José María Heredia Torres ‘Josele’, in memoriam

Artículo de Norberto Torres Cortés, de la Sociedad Guitarrística de Almería ‘Antonio de Torres’

Josele en la Peña El Ciego de la Playa.
Josele en la Peña El Ciego de la Playa. La Voz
Norberto Torres
10:57 • 23 mar. 2020 / actualizado a las 11:42 • 23 mar. 2020

Todavía afligido por la reciente pérdida del cantaor Juan Gómez Belmonte, nos ha llegado el domingo 22 de marzo la triste noticia del fallecimiento del amigo y compañero guitarrista y cantaor José Heredia Torres 'Josele'. Otro golpe adverso en unos momentos particularmente difíciles que nos toca sobrellevar en estos momentos tan desconcertantes.




Josele nació en Adra el 15 de octubre de 1950, emparentado con la familia Torres del barrio de Pescadería, de allí su lazo familiar con la familia de José Fernández Torres 'Tomatito', barrio donde se trasladó a la edad de 10 años. En este sentido, forma parte del nutrido grupo de familias gitanas procedentes de la Alpujarra almeriense (de Adra y Berja en particular) que, por avatares de la vida, terminaron instalándose en la periferia de Almería, en este caso en el barrio de la Chanca-Pescadería, atraídas por el desarrollo económico de la ciudad ligada a la uva de embarque y a la mina.



Como es tradicional en la cultura gitana, su acercamiento al flamenco le llegó por vía familiar a través de su abuelo y tíos. Señala Marcos Escánez en su monografía 'Semblanzas' (Diputación de Almería, Almería, 2003) de quien tomamos prestado estos datos, que su primera actuación pública tuvo lugar en Berja a la edad de 14 años, obteniendo el primer premio del Concurso Nacional de Berja.



Desde entonces su carrera ha sido larga, actuando sobre todo en Alemania en diferentes giras,  en Palma de Mallorca donde residió una temporada contratado y luego director artístico de una sala de fiesta, grabando en 1969 el disco 'Los Hermanos Heredi'a junto a sus hermanos Juan y Antonio, y actuaciones en lugares tan exóticos como Tahití o Australia. Entre las más relevantes está la de poner su voz de cantaor en el 'Amor Brujo' de Manuel de Falla bajo la batuta del violinista, y en esta ocasión director de orquesta, el célebre Yehudi Menuhin, en diferentes conciertos en ciudades alemanas.







En Almería, además de una actividad empresarial abriendo tablaos flamencos como el que regentó en Aguadulce hace varios años y que recordarán los aficionados, se le conoce y reconoce por su decidida implicación social y cultural en diferentes colectivos del barrio de la Chanca-Pescadería, transmitiendo y enseñando con ilusión su pasión por la guitarra y por el flamenco, verdadero guardián del templo y patriarca de la cultura flamenca almeriense, varias veces compartida con su sobrino Tomatito.



Sin ser un virtuoso de la guitarra, Josele, como el padre de Paco de Lucía, el de Manolo Sanlúcar, o en su momento el de Julián Arcas, son guitarristas claves para intuir desde la infancia las capacidades musicales de sus hijos, y consagrar parte de su vida a su educación musical y profesional. En la memoria de más de uno de nosotros están los primeros pasos y actuaciones del Niño Josele, cariñosamente enclaustrado en su casa almeriense bajo la atenta y orgullosa mirada de Josele, su angustioso afán para que se fijarán en él artistas de primera fila como Enrique Morente, Diego el Cigala o el mismísimo Paco de Lucía.



Porque Josele era una persona noble, en el sentido de comunicar respeto a los demás con su saber, de ser generoso compartiendo sus conocimientos, persona ilustre de un barrio en el que la cultura está en la calle, como la Calle ancha, la que da título al primer CD de su hijo (Al Sur, Nanterres, 1994), vivencias que tuve la suerte de compartir con él en la producción de este disco, detalles convertidos en anécdotas para contar a los nietos, como la de coger mi coche Josele y hacer del tirón los dos mil kilómetros de París a Almería al acabar la grabación, de tantas ganas que tenía de dejar la urbe y estar en su barrio.


Y recordando este viaje, me viene otra a la memoria que me impactó mucho en su momento. 1988, celebración del 25 aniversario de la Peña Flamenca 'El Taranto', recital de Rafael Riqueni que me toca presentar en la Casa de la Juventud, hoy EMA, o sea Escuela de Música de Almería. Termina el concierto (por cierto estuvimos unas treinta personas, los carteles anunciando el acto organizado por nuestro Gobierno andaluz llegaron la semana después), Tomatito le dice a Rafael de subir a La Chanca para escuchar a un niño que apunta buenas maneras. Llegamos Riqueni, el Tomate y un servidor a la casa de Josele. Era tarde ya y estaban durmiendo. Josele nos ofreció una silla de las pocas que tenía, despertó a su hijo y le dijo que tocara para que le escuchara Riqueni. Y el niño de Josele empezó a tocar toda el repertorio que sabía, por Paco, por el Tomate, por Josele, y cositas suyas, medio durmiendo y complaciendo a su padre que lo escuchaba con la boca abierta. Luego tocó el Tomate, toques y más toques, y luego Riqueni que repitió entero el concierto que acababa de dar en la ciudad. El ritual flamenco de escucharse unos a otros que tanto añoraba Juan 'El Habichuela', lo que luego llamarán pomposamente background.


Yo me quedo con “honda” o “jonda”, la cultura de Josele, su pasión y sabiduría para compartirla, sembrada en las esquinas de su barrio, en sus seres queridos, en sus vecinos, en sus amigos. Mi más sentido pésame a toda su familia en estos momentos tan difíciles. Se nos ha ido un hombre bueno.


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