La Voz de Almería

Recuerdos del bar La Parada

La parada en los años sesenta, con su hermosa plazoleta donde se bailaba los domingos.
La parada en los años sesenta, con su hermosa plazoleta donde se bailaba los domingos.

Tenía ese aire fronterizo de los lugares de paso, como esas tabernas de carretera que veíamos en las películas americanas, refugio de caminantes y camioneros que pasaban a deshoras buscando algo de cenar. En ‘La Parada’ siempre había alguien sentado en la butaca del porche mirando a la carretera por el puro placer de esperar el acontecimiento de la llegada de un coche o el desembarco del Correo que a media tarde paraba cinco minutos de camino hacia Felix.

En los años cincuenta, cuando aquellos parajes entre Aguadulce y Roquetas eran una llanura casi desierta, salpicada por cortijos y alguna venta olvidada, un joven negociante, José Ibáñez Vizcaíno, decidió probar suerte con un bar en la misma esquina del cruce que subía hacia los pueblos de la Sierra de Gádor. En aquel tiempo era una aventura poner un bar en un lugar tan deshabitado, pero él tenía alma de comerciante y ya sabía lo que era jugarse el pan a diario, un arte que aprendió de niño cuando en los años de la posguerra trapicheaba con los sacos de arroz y azúcar para sobrevivir.

El joven, conocido en la comarca como Pepe ‘el Barbarico’, fue haciéndose con un nombre en aquella esquina, convirtiendo su establecimiento en una parada obligatoria para todos los que transitaban por la zona y para los viajeros del autobús que se bajaban a estirar los pies y a echar algo en el estómago antes de seguir el viaje hacia los pueblos.

El bar ‘La Parada’ estuvo ligado desde los primeros años a una pequeña tienda contigua al negocio que el propio ‘Barbarico’ regentó junto a su hermana Maria y a su mujer, Rosa Alcolea, y que poco a poco también se convirtió en un faro imprescindible a un lado de la carretera.
Fue en los años sesenta cuando los dos negocios empezaron a prosperar a marchas forzadas. Uno podía pasar por el camino antes del amanecer, o a última hora de la noche, y tenía la certeza de que la luz del bar siempre iba a estar encendida y que detrás de la barra se iba a encontrar con Pepe ‘el Barbarico’ dispuesto a servirle un café caliente o a darle un rato de conversación.

Fue en esa época cuando el bar La Parada empezó a destacar como restaurante y su fama traspasó los límites de la comarca y llegó hasta Almería.
Eran los tiempos del resurgir económico, de la eclosión de la clase media y la llegada a la mayoría de las casas del primer coche. Eran los tiempos de salir al campo los domingos y almorzar después en un bar del camino.  Fue entonces cuando las paellas de Rosita ‘la Herrera’ se hicieron tan célebres que los domingos y festivos había que reservar mesa para poder encontrar un hueco en ‘La Parada’. Por allí pasaron personajes famosos como el periodista Tico Medina, el político Alejandro Rojas Marcos y los cantantes Juanito Valderrama y Basilio.

La tienda, que en aquellos años se transformó en Spar, era el corazón de la casa y además del mostrador y las estanterías contaba con un espacio convertido en salón donde reinaba un televisor y una mesa de camilla donde las mujeres se reunían a la hora de coser.
Llevaban el bar, llevaban la tienda, y él, Pepe ‘el Barbarico’, llevaba sus pequeños negocios de comercial que le permitían ganarse unas pesetas complementarias vendiendo televisiones, máquinas de coser y furgonetas. Como el hombre era un negociante vocacional, se compró un Simca 1.500 que de vez en cuando utilizaba como taxi para llevar a los vecinos a Almería cuando tenían que arreglar algún papel, o viajar a Granada para visitar a un médico.

El bar y la tienda eran mucho más que dos negocios junto al camino. La vida de aquellos parajes pasaba por allí: el cartero cuando tenía que dejar un recado siempre tenía el consuelo de ‘La Parada’, y los hombres, cuando acababan de trabajar, buscaban la recompensa del tapeo el vino y la cerveza mientras compartían una partida de cartas.

En el bar estuvo la taquilla donde se echaban las quinielas y la primera televisión que llegó al barrio. Las noches en las que ofrecían los combates de boxeo de Legrá, de Pedro Carrasco y de Urtain, llegaban aficionados de todos los cortijos y el establecimiento se llenaba hasta la puerta. Los domingos por la tarde, el porche del bar se transformaba en una pista de baile donde acudían los jóvenes de la zona a disfrutar del primer tocadiscos del contorno, que también lo trajo Pepe ‘el Barbarico’.

Su vida fue el trabajo intenso y la iniciativa constante que lo empujaba a buscar nuevos caminos. Pero su vida fue demasiado corta. Falleció en 1974 en un accidente de tráfico. Tras su muerte, su hermana y su mujer siguieron al frente del bar y de la tienda, manteniendo ese espíritu de trabajo continuo y sacrificio que siempre caracterizó a la familia.
‘La Parada’ ya no existe, pero está presente en la memoria colectiva de una generación.

José Ibáñez,  Pepe ‘el Barbarico’, su mujer, Rosita ‘La Herrera’, y María Ibáñez.
José Ibáñez, Pepe ‘el Barbarico’, su mujer, Rosita ‘La Herrera’, y María Ibáñez.

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