El estanco del Paseo y la farmacia de Alhabia, tesoros para un museo

El estanco del Paseo y la farmacia de Alhabia, tesoros para un museo

Guillermo Fuertes
22:46 • 14 oct. 2011
“Son dos espacios que nos faltaban, y que, realmente, le han dado un impulso importante al museo en este año”, dice Alejandro Buendía mientras camina por las habitaciones de la casa típica de pueblo que es el Museo Etnográfico de Terque. “Llevábamos un buen tiempo detrás de estas joyas, y al fin las hemos podido traer. Y la verdad es que ha valido la pena”.

Un grupo de visitantes se pasea por los distintos espacios del museo, y se escuchan los rumores quedos de las conversaciones, salpicadas por alguna exclamación de sorpresa y los flashes de las cámaras fotográficas. “Eso es que han visto algo de su infancia”, sonríe Buendía. “Tarde o temprano le pasa a todo el que viene”.

Las adquisiciones a las que se refiere son, en verdad, auténticas joyas, y ocupan sendos espacios en dos habitaciones. Por una lado, en la planta alta está “el Estanco de Gabriel, o del Paseo”, dice, colocándose tras el mostrador de un enorme mueble de madera sólida con el cartel ‘Habanos Filipinos’ al frente, y ‘Peninsulares Cerillas’ en lo alto. “El último estanco que había en el paseo de Almería”.

Lugar emblemático

“Lo fundaron, a principios del siglo XX, Gabriel Rodríguez Córdoba y su mujer, Carmen Andujar Góngora, y lo continuaron regentando sus hijos Antonio, Gabriel, y Francisco”, explica Buendía. “Los últimos propietarios fueron los hijos de Antonio, Carmen y Francisco Rodríguez Algarra. Estaba situado en el Paseo de Almería, y en estos días se ha trasladado a la Puerta de Purchena, junto al Quiosco Amalia. Hablamos con ellos, y cuando vieron nuestro museo, que era una propuesta seria, lo donaron con una gran generosidad”.

El estanco era un lugar emblemático de la ciudad, y sus maderas guardan recuerdos de miles de historias. “Allí se vendían cigarros, puros, cerillas, papel de fumar, sobres, sellos, pólizas o papel timbrado”, añade el director del museo. “El abuelo Gabriel también compraba monedas de oro, que las hacía sonar contra el mármol del mostrador, en el cual, con una tiza, iba haciendo las cuentas...”.

El estanco tenía a la derecha la tienda de música de J. Sánchez de la Higuera, y a la izquierda el Café Español, donde el abuelo se sentaba los domingos a escuchar el trinar de los canarios que colgaba en la puerta del estanco. “Su historia es la de la calle más importante de la ciudad”, dice Buendía.

La salud a finales del XIX

En la planta baja, junto a la entrada, se ha instalado la otra novedad: la farmacia de los Sánchez Yebra, de Alhabia. A partir de ella se ha creado una nueva sala destinada al ámbito de la salud y sus profesionales, los farmacéuticos, médicos y practicantes.

La pieza principal es una imponente estantería de finales del siglo XIX, procedente del local de Francisco Sánchez Sánchez, “farmacéutico nacido en Terque y el primero de una dinastía de tres generaciones de boticarios instalados en Alhabia, y que continuó con su hijo José Sánchez Vivas y su nieto, Francisco Sánchez Yebra”, explica Buendía.

También donada por la familia al Museo Etnogáfico, la colección, se suma a algunas piezas que ya se exponían de la farmacia de Enrique Ruiz, en Terque, y sus estantes constituyen un detenido repaso de las especialidades farmacéuticas más utilizadas en la primera mitad del siglo XX, y sus variados recipientes botes, tarros, cajas, botellas...

“Hay material para la elaboración de medicamentos, como pildoreros, almireces, balanzas o areómetros”, dice el director. “Hay libros recetarios, material publicitario, etiquetas, carteles y materiales vendidos en las farmacias, como biberones o ventosas. Están los medicamentos más populares de la época, e incluso medicamentos fabricados en Almería, como los Salicilatos de Bismuto de la farmacia Vivas Pérez de Almería, la solución estomacal Sánchez, de Alhabia, o el popular antidiarreico Tanagel, de la Farmacia Durbán”.






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