Pura Esperanza Estudiantes visitó a las Puras en un ambiente de fervor y misticismo lo

José Luis Laynez
23:42 • 04 abr. 2012
Meteorológicamente hablando, esta Semana Santa de 2012 está siendo la más desconcertante en lo que llevamos de siglo. El esquema climático del día es idéntico: amanece bueno, a lo largo de la mañana se levanta viento y llegan nubes, a media tarde parece que vamos a volar y, cuando cae la noche, queda excelente.

Afortunadamente, Estudiantes salió de la Catedral a las ocho de la tarde noche abrileña y Eolo se había marchado a soplar a otro sitio. Y el cortejo procesional lució ayer Miércoles Santo por las calles de Almería con la brillantez y la elegancia que le son habituales. Especial emotividad tuvo su discurrir por el casco antiguo, desde que se despidió de las monjitas de las Puras: calles Arráez, La Reina, Almedina, General Luque, la circunvalación de la Catedral... Con una novedad: la procesión discurrió por vez primera ante la iglsia de San Juan para ganar el Paseo de San Luis por el Hospital Provincial.

Tras la reflexión inicial en el Altar Mayor por parte del consiliario, padre Torrecillas, a las ocho de la tarde se abrió el portón catedralicio, por el que pudo verse la Plaza absolutamente abarrotada de fieles. El viento ya había cesado e iban saliendo a las calles de Almería los 350 nazarenos, aún con dos hábitos: túnica negra y capa roja los de paso de Misterio; y blanco y verde los de la Esperanza. Quizá sea el último año del doble cromatismo.

Unas 50 mantillas acompañaban a la Virgen, cuyo paso lucía una novedad importante: la restauración del terciopelo verde y los bordados áureos del palio y del mantón de la Esperanza. El trono iba bellamente ornamentado con rosas blancas y pillanovios, y ocho juegos (antes eran seis) de flores de cera, elaboradas, cómo no, por el eterno Pedro Pavón.

La levantá del alcalde de Almería
El alcalde de Almería había ordenado la primera levantá aún en el interior del Templo de ambos pasos, el de la Oración en el Huerto sobre las espaldas de 45 costaleros al mando de Miguel Ángel Plaza; y el de la Esperanza cargado por 36, cuyo capataz era el incombustible Antonio Andrés Díaz. Ambos lucían crespón negro por el fallecimiento ayer de las madres de Adela Requena y Jesús R. Vaquero.

El obispo y el secretario contemplaban la salida desde la balconada del palacio. Caía la noche del Miércoles Santo, una noche ideal para procesionar. Los sones de cornetas y tambores ‘Ntra. Señora del Mar’, de Huércal, y la banda de música de Instinción ‘Los Iris’, acompañaban a los Titulares. El ‘Gaudemaus Ígitur’ universitario saludó la salida de la Esperanza.

El cortejo procesional abandonó la Plaza de la Catedral, ganó la calle General Castaños y desembocó ante la iglesia del monasterio de las Puras. Es quizá el momento de mayor misticismo de la Semana Santa almeriense, que cada año contempla más gente. Pero esto merece espacio aparte.






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