"Le han pillado tanto el gusto a la divinidad mediática que llaman ahora la atención atizando la misa que las abuelillas ven los domingos"

Los que somos padres, y nos hemos comido algún huevo, sabemos que los niños muchas veces se comportan de una manera por llamar la atención. Tal vez la vida que llevamos hace que los progenitores no focalicemos nuestro timón hacia los botarates locos bajitos que navegan y pululan por nuestras vidas, primando lo secundario frente a lo prioritario. La política tiene sus momentos naïf, de aprendizaje. En los inicios todo el campo es flower power, orégano y utopías en mundos de Yupi, incluso mola ir en carnaval de chicos malos con mochila y perilla o de yerno ideal en modo Naranjito, pero la realidad es un muro que hay que sortear porque no es de nuestro color favorito: los ladrillos son de contornos y colores dispares. En fin, mientras la linde aguante: ¡adelante Bonaparte!, y ya que no tenemos cosas que arreglar en este país encendemos el cirio con la iglesia, ¡eh Sancho!, y topamos con la realidad, no la virtual, sino la de andar por casa, que nos guste o no es la que es. Entonces el país multicolor en el que nació la abeja Maya se torna paleta de escala de grises, y sin alta fidelidad nada suena igual.  

Me considero con los años una persona apenas religiosa stricto sensu, eso no implica que no respete a quien lo es, ni que busque la espiritualidad por otras vías: las variaciones Goldberg de Bach o el Sgt Peppers de los Beatles, por decir algo. O incluso, que me interese por lecturas bíblicas; hace unos días de hecho, me paré a leer un texto de San Mateo y me tuvo pillado un buen rato. Cada uno busca sus puentes, ni mejores ni peores, siempre que el respeto fluya. La última ocurrencia del político con apellido divino, y nombre de iluminado en el camino de Damasco,  bien argumentada y canalizada es muy lógica y consecuente con un estado aconfesional, pero en manos de su cohorte de coheteros es una bomba que les estallará en las manos por falta de tacto y de política (con mayúsculas): la supresión de la programación que TVE realiza los domingos por la mañana en La 2 es la diana. Y en concreto focalizada en la Iglesia católica, que para bien y para mal, es la que impregna nuestra cultura con sus frescos de luces y sombras. Contra la Iglesia, los garzones impetuosos aún no se han enterado que es mejor negociar que atacar, porque a los marxistas les lleva casi dos mil años de ventaja en esto del poder la curia, así que algo saben. De tanto predicar lo de asaltar los cielos fíjense, no se enteraron que con una simple abstención podían haber posibilitado otra política, ¡ay, los idus de Marzo y los delirios de grandeza! Le han pillado tanto el gusto a la divinidad mediática y a su poder ilusorio omnímodo, que llaman ahora la atención atizando la misa que las abuelillas ven los domingos por la mañana. Doctores tiene la iglesia, pardillos.