Almericentrismo como teoría universal

Jose Fernández
01:00 • 26 abr. 2017

Contrario al geocentrismo vigente en la antigüedad -aunque ya hubo algún griego que lo apuntó y al que tacharon de loco- el modelo astronómico del heliocentrismo formulado por el matemático polaco Nicolás Copérnico, determinó finalmente que la Tierra y los planetas se mueven alrededor del Sol, centro figurado del universo conocido hasta entonces. Esta revolucionaria regla, de la que nacen expresiones como “giro copernicano”, fue perfeccionándose en el tiempo con aportaciones de eminencias como Kepler, Galileo o Hubble, gracias a las cuales el ser humano es consciente de su posición y significancia en el infinito y el más allá. Sin embargo, ninguno de estos estudiosos fue capaz de formular la teoría del almericentrismo, entendido como eje configurador de un estilo y modo de vida propios y únicos en la Vía Láctea. Se trata de un modelo, matemático y predictivo, convierte a la rutina del almeriense medio en el centro de la insondable constelación de todas las galaxias por remotas o ignotas que sean. Y así, el almeriense de toda la vida quiere que el AVE llegue al Paseo, que el puerto-ciudad abra canal náutico o dique hasta la puerta de su casa, que las procesiones pasen bajo su ventana, que su calle esté exenta de ferias o terrazas, pero que éstas no se sitúen muy lejos y que el contenedor de basura esté frente a la puerta de su vecino, para evitar así la proximidad de los olores y los desplazamientos fastidiosos. Así somos; qué le vamos a hacer. Es por ello que intuyo que es posible que la entrevista-despedida con la que el presidente del Colegio de Arquitectos, Javier Hidalgo, pone fin a su ciclo de mandato, le acabe acarreando la catalogación de “Antialmeriense del Año”. Y es que Hidalgo ha tenido la osadía de decir que es importante que el AVE llegue al centro, pero no imprescindible. ¡Anatema! ¡Anatema! Que vayan acarreando leña para la pira, que ya se están prendiendo las antorchas. 







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