La Voz de Almería

El Kanfort que nos limpiaba los zapatos

La señora Lola Esteban, de la calle Navarro Rodrigo, se llevó seis mil pesetas de premio del Kanfort, dinero que le entregaron en la perfumería Iberia de la Puerta de Purchena.
La señora Lola Esteban, de la calle Navarro Rodrigo, se llevó seis mil pesetas de premio del Kanfort, dinero que le entregaron en la perfumería Iberia de la Puerta de Purchena.

 

El Kanfort fue nuestro abrillantador de cabecera, aquella crema líquida que prolongaba la vida de nuestros sufridos zapatos cuando tenían que durarnos, al menos, hasta que diéramos el siguiente estirón. Venía en un bote cilíndrico con un tapón que en su interior encerraba un alfiler, que al cerrarse sin la arandela de seguridad perforaba la esponja que servía para extender el producto sobre el calzado.

Las mañanas de los domingos de los años sesenta olían a Kanfort y a colonia a granel, a la muda de la ropa interior recién lavada que nuestras madres colocaban a los pies de la cama y a la leche caliente con magdalenas con la que desayunábamos en ese estado de felicidad que proporcionaba no tener que ir a la escuela.

Asistíamos a la resurrección de los zapatos viendo a nuestras madres manejar con destreza aquellos botes sencillos que dejaban el calzado con un brillo extraordinario. Si el betún fue el abrillantador oficial de la generación de nuestros padres, el nuestro fue el Kanfort, el producto que vino de la mano de la televisión en un tiempo en el que todo lo que anunciaran por la tele tenía el éxito asegurado.  El betún era solemne y estaba rodeado de un ritual que veíamos en las puertas de los cafés cuando el limpiabotas hacía su trabajo de artista a los clientes, mientras que el Kanfort tenía la informalidad  de la nueva época y era mucho más manejable, tanto que los niños jugábamos con el bote como si formara parte de nuestra inventario de trastos y juguetes.

En todos los armaricos de las casas había un bote de Kanfort: el de color blanco que nos dejaba nuevos los kiowa que nos poníamos los domingos de verano; el marrón que eternizaba la piel de los zapatos Gorila y los disfrazaba con una capa de juventud cuando ya estaban para el arrastre; el negro que le devolvía el brillo a los zapatos de charol, que eran nuestros compañeros en nuestras pequeñas solemnidades. Cuando se nos rompía la tira de la sandalia o la suelta del zapato y teníamos que llevarla al taller del zapatero, nos sorprendía la rapidez y la maestría con la que los remendones utilizaban el bote de Kanfort, y después, cuando llegábamos a la casa, tratábamos de imitarlos dejando el calzado lleno de parches.

En 1964, la marca Kanfort, que no paraba de crecer, puso en marcha una campaña mediante un concurso radiofónico ‘Cambie sin ver y ganará con Kanfort’, que se emitía semanalmente por la Cadena SER. El público llamaba al concurso buscando alguno de los premios en metálico que se repartían por toda España. La cantidad más importante que cayó en Almería se la llevó Milagros Ibáñez, una vecina de la calle del Reducto que había comprado el Kanfort en la célebre mercería de Joaquín Avilés. Ocho mil pesetas del año 1964 eran un premio gordo que sacaba de apuros a cualquier familia.También se llevó un buen pellizco de seis mil pesetas la señora Lola Esteban de Muñoz, de la calle Navarro Rodrigo, que recibió el cheque en la perfumería Iberia de la Puerta de Purchena ante la mirada de la numerosa clientela del establecimiento que acudió a presenciar lo que entonces era un gran espectáculo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *